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Bram, campo de refugiados

Un grupo de refugiados después del baño. Agustí Centelles

El Centro de Arte Contemporáneo Vélez-Málaga acoge la exposición Bram, campo de refugiados hasta el 23 de enero. Está compuesta por 67 imágenes en blanco y negro tomadas por el fotógrafo Agustí Centelles en el campo de concentración la localidad francesa de Bram.

La exposición nos traslada a la realidad del año 1939 en el campo de concentración donde fueron recluidos numerosos refugiados republicanos españoles que huían del franquismo. Dos avenidas principales, transversales, se cruzaban en el centro del campo de Bram. Su cruce formaba la plaza principal, que recibió el nombre de Mirador. En el lado norte se encontraba la entrada al campo, flanqueada por la Administración y la zona sanitaria y enfermería. La avenida principal estaba cruzada por cuatro calles transversales. A cada uno de sus lados se situaron simétricamente los 165 barracones agrupados en manzanas o departamentos, “quartier”. Cada uno se distinguía por una letra, de la “A” a la “J”.

Barracones

El “quartier” era un recinto cerrado con alambre de espino. Una puerta de entrada permitía el acceso. Cada barracón medía veinticinco metros de largo por seis de ancho; su diseño en punta de flecha doble, dejaba un espacio para dormir en la parte inferior, y creaba una estantería en la zona superior. Un pasillo de seis metros separaba un barracón de otro. El agua se suministraba durante un tiempo reducido, limitando el aseo personal. En cada barracón, se alojaban hasta 100 refugiados.

El perímetro del campo, de unos 425 metros de largo por 310 metros de ancho, estaba rodeado por una alambrada de espino y lo vigilaban centinelas en turnos de día y de noche.

Agustí Centelles fue el refugiado 21 del barracón 62, en el quartier “D”.

“En los campos de concentración de Argelès, Sant Cebrià de Roselló, Barcerès y Bram, la vida no era fácil. Tanto por parte de las autoridades francesas que nos vigilaban con tropas coloniales, como por la vida que llevábamos. Continué haciendo fotos en el campo de concentración e incluso monté un cuarto oscuro para revelar. Tuve la suerte de comenzar a trabajar para una familia francesa, e hice que su negocio de fotografía subiera como la espuma. Al cabo de un año entré a trabajar para un patrón socialista…… Las cosas me fueron mejor”.

Agustí Centelles

 

 




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